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La
proeza de las mujeres cubanas
La
Habana, junio 6.-Con este título, el diario Granma publica
un editorial que expresa:
Lo ocurrido el viernes 2 de
junio es algo que no acostumbra a verse en nuestro planeta, menos aún
en un país tan pequeño como Cuba. Cientos de miles de mujeres de la
capital, en representación de todas las mujeres de Cuba, escribieron
una proeza que asombró al mundo e incluso a nosotros mismos. Madres,
abuelas, bisabuelas, mujeres de todas las edades, entre ellas
adolescentes y jóvenes estudiantes, se apoderaron de las calles de
nuestra capital. Con entusiasmo, decisión, e impresionante disciplina,
marcharon combativas en interminable, compacta e infinita fila frente a
la Oficina de Intereses de Estados Unidos y, doblando después hacia la
izquierda en continuo y ordenado movimiento, inundaron la Tribuna
Abierta Antimperialista José Martí, ubicada al Este de aquella
instalación, donde en encendido acto de protesta simultanearon la
marcha y la tribuna. Nuestras emisoras de televisión pasaban las
cámaras de una actividad a otra.
Todo había durado dos horas
exactamente. Quizás el más organizado de los ejércitos no habría
podido llevar a cabo tan perfecta maniobra. No hubo ni podía haber
ensayo previo.
A las 8 de la noche del
jueves fue transmitida al pueblo la convocatoria a la marcha. Los
centros de trabajo, las organizaciones de masas, los medios de
comunicación y transporte, y otros numerosos factores que debían
garantizar la ejecución del colosal movimiento, ya alertados con
anterioridad, no conocieron hasta esa hora con toda exactitud que la
marcha se produciría. Desde las 11 de la mañana en que la Corte de
Atlanta distribuyó el documento con el fallo, fue necesario recibir el
texto, estudiar variados criterios de conocidos especialistas, y
analizar a fondo el fallo acordado por ese Tribunal, disponiendo para
ello de brevísimo tiempo antes de tomar la decisión de realizar la
marcha. Todo estaba sin embargo listo.
Apenas transcurridas 10
horas desde el anuncio de la misma, cuando aún no había amanecido, un
enjambre de mujeres desde los más lejanos rincones de la capital
estaban ya en movimiento. Ni siquiera las obras de reconstrucción del
túnel de La Habana, que une el Oeste y el Este de la ciudad,
constituyeron un insalvable obstáculo. Hasta la hermana provincia
habanera se hizo representar por 15 mil entusiastas mujeres, que al
momento de comenzar la marcha estaban formadas a la altura del
Capitolio, más allá del Parque Central.
El mar de mujeres se
extendía desde ese punto a lo largo de Prado y Malecón, hasta las
inmediaciones de la Oficina de Intereses. Las pequeñas banderas cubanas
flameaban sobre las cabezas de la inmensa columna. Sombrillas de
variados colores que en ocasiones se veían mezcladas con ellas, nos
recordaban que estábamos ya en verano y no en los primeros días de
diciembre cuando comenzó la batalla. Las filas cerradas. La marcha
rápida. Las consignas sonoras, vibrantes, enérgicas:
¡Abajo las patrañas!
¡Devuelvan a Elián!
De
las personas que hicieron uso de la palabra en la Tribuna Martiana,
excepto Lazarito Castro, un niño de 8 años precoz y asombrosamente
inteligente, alumno de la escuela especial de limitados visuales
"28 de Enero", de Guanabacoa, y cuya vista afortunadamente
mejora por día, todas eran mujeres, comenzando por una pionerita
adolescente de secundaria básica y una estudiante de décimo grado, a
las que siguieron un conjunto de cuatro profesoras o estudiantes de
Pedagogía, tres médicas o estudiantes de Medicina, y una eminente
científica que habló en representación de la Federación de Mujeres
Cubanas.
Brilló la brevedad, la
precisión, la belleza y profundidad de las ideas. Cada cual, incluido
el niño, elaboró o meditó su discurso horas antes de irse a la cama
el jueves por la noche.
No todas las oradoras eran
de la capital. Varias, desde Pinar del Río, Artemisa, Sagua la Grande y
Camagüey, viajaron por carretera ese mismo jueves hacia la Ciudad de La
Habana.
Nuestro pueblo experimenta
con razón admiración y orgullo por nuestros niños, nuestros jóvenes
y los nuevos exponentes de la cultura y el espíritu patriótico y
revolucionario, que van surgiendo. El caudal de talento en plena
formación y desarrollo es infinito. La enorme esperanza y seguridad en
el futuro está más que justificada. En el lapso de cuatro semanas, el
pueblo de Ciudad de La Habana ha escrito dos brillantes e inolvidables
hazañas: el Primero de Mayo y el 2 de junio, pero esta vez el mérito
recayó especialmente sobre las mujeres de la capital de la República.
En ellas veíamos a las mujeres de toda Cuba.
Si tales actos se hubieran
realizado en cada una de las localidades del resto del país el mismo
día, más de 4 millones de mujeres habrían participado. En la Ciudad
de La Habana, donde todo es más distante, escaso el transporte y la
población está distribuida en una extensión de casi mil kilómetros
cuadrados, lo que ellas llevaron a cabo fue algo verdaderamente
increíble. La satisfacción, confianza y orgullo por su propia proeza
sólo podía medirse por la expresión de sus rostros.
Numerosas cadenas de
televisión norteamericanas y algunas europeas, aparte de nuestras
propias emisiones por INTERNET y por satélite, nos hicieron el honor de
hacer llegar a sus países y al mundo la imagen indignada de las madres
y demás mujeres cubanas, y su espíritu de combate frente a la atroz
injusticia cometida contra un niño inocente y su humilde familia. La
decisión de luchar para que ese niño y su núcleo familiar regresen de
inmediato a la Patria, no debe subestimarse.
El acto grandioso del 2 de
junio no es más que una pálida muestra.
¡Gloria y honor a los
millones de madres, que émulas de Mariana Grajales, paradigma de
heroísmo patriótico, han convertido a sus hijos e hijas en
revolucionarios capaces de grandes sacrificios y titánicas proezas!
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